SEVILLANOS QUE CUENTAN Antonio Smash. “De Sevilla salvaría el aire que respiramos”


Antonio Smash: “De Sevilla salvaría el aire que respiramos”

Nació, se crió y vive todavía en El Tardón de Chiquetete, Lole y Manuel o Isabel Pantoja, aunque musicalmente tiró por otro camino. Siendo apenas un adolescente, formó con unos amigos del barrio su primer grupo: Foren Dhaf; el nombre no significaba nada, pero tenía un sonido que les gustaba; lo mismo que sentían ante la música de Roy Orbison, los Everly Brothers o, sobre todo, los Beatles. En realidad, se trataba de eso, del sonido, la vibración, el golpe. Pionero del underground local, Antonio Samuel Rodríguez Jiménez (Sevilla, 1952), Antonio Smash para la Sevilla rockera, fue batería del mítico grupo cuyo nombre adoptó como apellido. Tras una larga trayectoria tocando con Silvio, Goma, Coz, Pata Negra y muchos otros, emprendió una carrera en solitario. Acaba de sacar su tercer álbum: ‘Intronauta’.

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¿Hacia dónde se dirige ese intronauta?
Hago un viaje interior en el que suceden sensaciones diversas, pensamientos, reflexiones… hay letras críticas, románticas y denuncias sin ánimo de dar ninguna solución.
¿Cómo llegó al rock un trianero del Tardón de los sesenta?
Por puro sentimiento. Escuchando la radio. El sonido me atrapó. Lo de las letras ni me lo planteaba. También intervino el espíritu rebelde que se tiene a esas edades. Mi padre era un enamorado del flamenco y le chocaba que yo escuchara música en inglés o me dejara el pelo largo. Con Dylan se ponía malo. Así que me daba la bulla y eso bastaba para hacerme todavía peor.
¿Podría explicarme como era eso de ir con melenas en la Sevilla de 1967?
Hombre, era muy llamativo. Estaba el que se ofendía, lo que pasa es que a nosotros llegó un momento en que eso nos estimulaba.
¿Qué hizo a Sevilla ser entonces tan moderna?
La base de Rota, desde la que llegaban muchos discos inéditos, que oíamos antes que el resto de España. Gonzalo García Pelayo tenía un contacto para conseguirlos y los ponía en su club de Los Remedios. Allí escuché el primer disco de Pink Floyd antes de que se publicara en España.
En Smash también fueron pioneros en lo del mestizaje musical.
En el rock, desde luego. Smash era un grupo de rock experimental, donde cada uno dejaba ser como era a los demás. Eso es lo que más me gustó de aquella experiencia.
¿De qué modo les afectaba el régimen dictatorial del país?
Eso formaba parte del asunto y lo asumíamos, porque el rock es una música rebelde. En Sevilla, sin embargo, a pesar de su carácter tradicional, la juventud que seguía el tipo de música que hacíamos, la vivía con mucha pasión. El sevillano es para todo un tipo apasionado.
Pintan tan oscuros esos tiempos que a quienes no los vivimos nos cuesta creer que fueran como usted cuenta.
Quizá fuera porque al no estar claramente vinculados a ningún grupo político, pensaran que aquello no era más que un pasatiempo pasajero de la juventud. La verdad es que dábamos por saco, llamando la atención por la calle, con una actitud no violenta pero sí con mucho descaro.
¿Aquel movimiento se desarrollaba al margen de la política?
Yo puedo tener tendencias izquierdosas, pero nuestra actitud rebelde era por el arte. Bob Dylan nos gustaba a pesar de que no entendíamos sus letras. Sin embargo, cuando supimos qué significaban descubrimos que tenían mucho que ver con lo que sentíamos.
Hace algún tiempo, Mick Jagger se declaraba conservador en una entrevista. ¿Un rockero se hace de derechas porque eso es ahora lo rebelde o porque se hace mayor?
Eso es algo que ni me planteo. Soy una persona muy abierta, no me gusta que me encasillen. Me gusta tener total libertad para componer y en el ámbito social también me gusta sentirme libre. Yo puedo tener de forma natural tendencias izquierdosas, pero tampoco juzgo ni acuso ni señalo a nada ni a nadie.
¿Qué sensación le produce el panorama político actual?
Muy confuso y no sé qué. Estaría bonito poder llevar esto de la mejor manera. Se tendría que ceder de manera honesta por todas las partes y eso, uff, lo veo complicado. Lo que sí tengo claro es que yo seguiré siendo el mismo esté lo que esté.
¿Queda algo de la Sevilla underground?
El rock sigue siendo algo underground en España porque persiste el prejuicio de que no es una cosa de aquí. Con respecto a Sevilla, salgo poco de casa, y tengo poco contacto exterior, pero sé que hay gente joven que hace rock.
Usted hizo la música de su tiempo. ¿Un rockero hoy no es un nostálgico?
En mi caso, no. Porque no me he querido parar en lo que ya hice. Lo que pasa es que el movimiento que hubo entonces fue algo brutal, había mucha inspiración, mucha variedad: los Kinks, los Animals, los Rolling, Jethro Tull, Jimi Hendrix, Spencer Davis, Allman Brothers, Traffic… joder, la hostia. Aquello estaba como muy vivo, saliendo continuamente cosas de mucha calidad. Fue un movimiento de rebeldía mundial.
¿Vivimos hoy un momento de decadencia?
Es otro momento y son otras formas. Seguramente, entre la gente joven de ahora exista ese componente rebelde que se da en todas las generaciones. Pienso que sigue habiendo un movimiento musical, aunque no lo conozco bien porque estoy muy sumido en lo mío; trasnocho mucho menos que antes. De hecho, hace tiempo que no lo hago. Pero el rock no es algo que haya caducado.
¿Cómo es su relación con Sevilla?
Siempre me ha gustado Sevilla. Estéticamente me gusta y, luego, en la gente hay un algo de lo que yo formo parte y con lo que me identifico; ese algo que tiene que ver con el sentimiento y la pasión. Lo que no me gusta es la exageración ni eso de esto es lo mejor.
¿Y esa visión de Sevilla anclada en las tradiciones?
No me entusiasma que Sevilla sea tan tradicional. La tradición está bien respetarla pero tampoco te puede comer. Soy contrario a todo lo que coarte las libertades.
Usted, que toca la batería, ¿sabe quién es Pepe Hidalgo, el cabo tambor de la Centuria Macarena? En mi opinión toca mejor que Charlie Watts.
No. La verdad es que hace mucho tiempo que no veo la Semana Santa. Tengo un recuerdo viendo El Silencio por la calle Francos. Estaba con Silvio y se arrancó con la saeta más psicodélica que he oído en mi vida: ‘Arrivederci mi Cristo, malditos romanos’, repetía continuamente a pleno pulmón y sin pudor ninguno.
¿Hacia dónde cree que vamos?
Sigue habiendo buena intención, pero las cosas pintan regular. El ambiente es descorazonador, aunque no soy amigo de sumirte en lo tremendo. En mí sigue habiendo un grado de esperanza. Este caos no será definitivo.
¿Qué salvaría de Sevilla en caso de hecatombe?
El aire que respiramos.
¿Después de tanto viajar, hacia dentro y hacia fuera, ha llegado, si no a un destino, al menos a alguna conclusión?
Que nunca es bueno detenerse.