Me gusta sentirme libre en un país folclórico y represor. El Diario.es


El músico fundador de la banda Smash, Antonio Rodríguez. | JUAN MIGUEL BAQUERO
El músico fundador de la banda Smash, Antonio Rodríguez. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Conserva el porte excepcional de una época genuina. La mirada de un tiempo de rebeldía y mezcolanza. De contracorrientes. Antonio Samuel Rodríguez (Sevilla, 1952), fundador de la mítica banda Smash, atesora un carrusel de estaciones. Como el viejo vagón que observa la escena. Pero, a diferencia de la vetusta máquina anclada a una suerte de glorieta en Triana, Antoñito Smash sigue recorriendo su propia vía.

Con Smash, a la batería junto a Julio Matitos (voz y bajo), Gualberto García (guitarra) y Henryk Michel (guitarra y violín), fusionaron todo lo explorable. En la música, en las noches de hotel, en los camerinos. O en la carretera. Eran días de sumar dígitos al cuentakilómetros que abrazaron pronto la compañía rasgadora de Manuel Molina y en los que un puñado de muchachos, casi sin darse cuenta, cimentan una leyenda interminable. Como referentes y pioneros del rock andaluz.

Silvio, Pata Negra, Camarón, Triana… memoria de cuando algunos llamaban a Sevilla el Liverpool del sur. Creatividad, vanguardia. Y Antonio Smash sigue tan rebelde, y creativo, como siempre. Lo cuenta en una entrevista con  eldiario.es Andalucia en la que gusta diferenciar la tradición rancia que encorseta en un mundo al que le falta dos palabras subrayadas en su diccionario: respeto y libertad.

A la vuelta de la esquina, medio siglo desde que nace Smash.

Y lo recuerdo con muchísimo cariño. Una época que marcó a todos los que la vivimos. No soy muy amigo de la nostalgia, pero recuerdo lo bueno, que hay mucho.

¿Cómo qué?

Los finales de los 60 y principios de los 70 fueron tiempos, musicalmente hablando y a nivel universal, de mucha fuerza. Y en Smash mucho entusiasmo. Nos identificábamos con el momento social desde la música rock. Era un sentimiento auténtico.

Sevilla era una suerte de ‘Liverpool del sur’.

Gracias a la influencia de las bases americanas se recibían discos de fuera antes que en otros sitios de España. Recuerdo escuchar a Frank Zappa y The Mothers of Invention en un club que se llamaba Don Gonzalo antes de que sonaran en la radio. A Pink Floyd, Jeff Beck… todo sonaba ya en ese club. Y eso hizo influencia entre los músicos de Sevilla. Había un ambiente… uf, bastante potente. Estaban Smash, los Gong, los Nuevos Tiempos. Nos cogió esa música.

El músico fundador de la banda Smash, Antonio Rodríguez. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Antonio Smash, en Triana. | J.M.B.

Rock psicodélico y progresivo, aliños bluseros… flamenco. Una amalgama de influencias para una época muy movida.

Había mucha creatividad y diversidad de grupos. El rock es una música universal y, aunque las canciones eran en inglés, la energía que despedían te hacía vibrar. El sonido atrapaba.

Y Smash, en aquella vorágine, se convierte en pionero del rock andaluz.

Smash desde el principio era un grupo con mucho sentido creativo y con espíritu de riesgo. El atrevimiento era innato en el grupo. Un recuerdo bonito de los ensayos es cuando uno tenía una idea y rápido la hacíamos de todos. De ahí surgía nuestro ambiente, muy abierto a influencias. Smash era un grupo experimental.

Ya con vuestro debut, Glorieta de los Lotos (1970), los críticos os sitúan a la vanguardia musical de momento.

Fue un disco muy atípico en la época. Y no éramos nada amigos de las etiquetas, de que nos encasillaran. Teníamos un estilo abierto con diversidad de influencias. Por ejemplo, antes de la fusión con el flamenco, cuando entra Manuel Molina, hay un segundo LP con un tema en el que Gualberto toca el sitar, Henrik la tabla y El Lebrijano improvisa, no había letra.

¿Era el grupo consciente de que hacía algo que podía marcar?

No de hasta qué punto podía trascender aquello. Veíamos con interés lo que se decía de nosotros.

“Hacíamos las cosas como las sentíamos, sin plantearnos las consecuencias. Con entusiasmo, entregados al momento que vivíamos y conscientes de que el rock es una música rebelde. Pasar sin pena ni gloria es aburrido”

¿Perdió Smash algún tren?

No (detiene la respuesta un par de segundos). La cosa fue como tuvo que ser. Smash sigue siendo recordado por eso. Y a mí no sé dónde me va a seguir llevando. Pienso que hasta cuando deje de estar seguiré haciendo música.

Vuestra inquietud creativa os llevó a tocar el flamenco. ¿Recibió palos la banda por ese atrevimiento?

Claro, siempre que hagas algo que suene a novedoso, que tenga un carácter rebelde, a contracorriente, vas a recibir críticas.

Habla de rebeldía en tiempos de encorsetamiento. ¿Cómo era navegar en una sociedad cerrada a cal y canto?

Más tarde he sido consciente de la movida, cuando la he visto de lejos. Cuando pasaba a nuestro alrededor importaba poco y nos estimulaba ese ambiente crítico. Hacíamos las cosas como las sentíamos, sin plantearnos las consecuencias. Con entusiasmo, entregados al momento que vivíamos y conscientes de que el rock es una música rebelde. Pasar sin pena ni gloria es aburrido.

¿Y apretaron más de la cuenta esos corsés?

Había mucha represión. Era una tónica general. A diario, cuando salías a la calle. Te miraban, alguno se metía contigo… Recuerdo pasar un día por debajo de una obra y que me tiraran un ladrillo, tío, por ir distinto. Era un rebelo vernos vestidos así, con los pelos largos. Aquella manera de manifestarse daba por saco, sobre todo en un ambiente social como el de aquí. Y a mí me gusta sentirme libre en un país folclórico y tradicional, represor.

El músico fundador de la banda Smash, Antonio Rodríguez. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Smash, junto a un antiguo vagón del tranvía de Sevilla. | J.M.B.

¿Cómo vive la situación actual?

Me resulta cómico. Y te diré algo. Hay formas de libertad que no terminan de asimilarse. Sigue siendo lo mismo aunque hoy esté todo más mezclado y confuso. Podemos volver a que vivimos en un sitio de mucha tradición y eso tiene que ver con todo lo que sucede, pero hay veces que me pierdo, me parece cómico. Para que haya libertad tiene que haber respeto y hay cosas que no lo merecen.

¿Cómo qué o quién?

La persona que agrede, la que destruye. Hay mucha locura, desazón, desconfianza. Caos. Me resisto a no tener esperanza, eso sí.

¿Qué le ayuda a resistir?

La música. Me hace tener esperanza. Es un alimento. Soy músico de vocación, me ayuda a vivir. Mediante la música veo, analizo… tiene que ver con la vida. La cosa está bastante fea, jodida, pero por ahí me viene esa esperanza que me resisto a perder.

¿De qué proyectos se alimenta ahora?

Desde Smash he trabajado con mucha gente y ya desde el año 2000 me planteo poner en pie un proyecto propio. Me anima Santiago Auserón. Tuve una experiencia muy positiva con él y Kiko en una gira que hicieron juntos ( Kiko Veneno y Juan Perro vienen dando el cante, año 1993). A veces tocaba en las habitaciones de los hoteles algunas canciones mías, por divertirnos, y a Santiago le interesó y me dijo ‘plantéate en serio sacar algo tuyo’. Al final incluso me hizo letras y el primer disco lo saco con su sello, La Huella Sonora. Hasta hoy he sacado tres: ‘Jardín Secreto’, ‘Balas de Amor’ e ‘Intronauta’, con Youkali Music. Ahora estoy trabajando en nuevo material para grabar el cuarto disco.

Déjeme terminar con unos nombres, a ver qué le sugieren: Triana.

Llegó a ser un grupo comercial con calidad. La voz de Jesús (de la Rosa) siempre me ha gustado, y Tele… eran amigos.

Camarón.

Despertó al flamenco al músico rebelde que yo era. Un artista único. Escucho un disco y vuelvo a pincharlo otra vez.

Pata Negra.

Amigos. Tocar con ellos fue una experiencia muy enriquecedora. Conocí palos musicales con ellos. Fueron valientes, totalmente.

Gonzalo García-Pelayo.

Es quien apuesta por el grupo. Smash le debe mucho.

Silvio.

¡Hombre! Joder… hacia Silvio tengo un recuerdo entrañable. Me divertí muchísimo con él. Tenía un sentido del humor muy agudo, no he conocido a nadie igual. Con mucho magnetismo en el escenario. De Silvio todo lo que hable es gloria. Tengo que reírme cuando lo recuerdo, era demasiado. Si te contara sobre Silvio, habría cosas que no se podrían escribir.