Revista Walk Magazine


Su nombre es muy común, pero su apellido le delata. Y es que, si algo caracterizó desde sus orígenes a la banda sevillana Smash, es que siempre fueron a contracorriente y no tuvieron ningún reparo en romper con todo lo establecido. Tras su disolución, Antonio estuvo implicado en mil proyectos junto a lo más granado del rock y el flamenco andaluz de la época. Aprovechamos para hablar con él ahora que acaba de ver la luz Intronauta, su tercer disco en solitario.

Me han bastado unos segundos para percatarme de que el gran Kiko Veneno andaba por el estudio cuando entraste a grabar las canciones que forman Intronauta. Cuéntanos algo que no sepamos de este bastión del rock andaluz.

A decir verdad, durante el proceso de grabación de Intronauta, Kiko nunca estuvo en el estudio, entre otras cosas porque se encontraba de gira haciendo conciertos. Su colaboración en este disco ha consistido en escribir la letra de “Dr Man”. Se lo propuse pensando que le podría gustar la idea y así fue. A la hora de  componer siempre hago antes la música que la letra, al letrista le muestro la melodía ya armonizada de la canción y él construye la letra ciñéndose a la métrica dada por dicha melodía. Así lo hice con Kiko y el resultado ha sido bueno, me encanta el trabajo que ha hecho.

Además de él, aparecen otros muchos colaboradores. ¿Sueles ir en busca de ellos o se ofrecen voluntariamente cuando saben que estás tramando algo?

Se dan las dos situaciones, se me ofrecen y también suelo pensar, según la canción, qué tipo de colaboración necesita. Con los autores Dogo, Manolo Fernández o Pedro Oliva ya he contado en mis dos discos anteriores, Jardín Secreto y Balas de Amor, formamos un buen equipo. En la cuestión musical, a parte de la producción y hacer los arreglos, he tocado baterías, bajos, guitarras, teclados, y he cantado canciones, por lo que las colaboraciones han sido muy pensadas, puntuales y de mucha calidad.

Smash se terminó en 1978 pero tú siempre has sido Antonio Smash. ¿Tienes mucha nostalgia de aquella época?

Guardo el recuerdo de los buenos momentos, pero nostalgia no. Los tiempos son los que son, y me gusta vivirlos tal cual.

Aunque, a decir verdad, tampoco terminó de la mejor de las maneras, ¿verdad?

Me imagino que te refieres a los problemas que surgieron durante la época de la fusión con el flamenco con la compañía discográfica Bocaccio Records, debido a la falta de acuerdo para seguir con el proyecto. Teníamos una visión distinta del asunto, la casa discográfica apostaba por lo meramente comercial y el grupo  no estaba dispuesto a sacrificar la cuestión artística o creativa.

“Mirando atrás”, la última canción de tu nuevo disco, parece querer señalar lo satisfecho que estás cuando te paras a pensar en la vida que has llevado hasta ahora.

El título de la canción “Mirando atrás” está inspirado en un poema de amor sobre el mito de Orfeo y Eurídice llamado “Mirar hacia atrás”. Fue mi amigo Pisco Lira quien me sugirió darle este nombre a la canción después de una tarde escuchando en casa lo que ya tenía grabado. Me lo propuso y me gustó la idea. La conclusión que sacas después de leer el poema es precisamente todo lo contrario a lo que indica el título, es conveniente mirar hacia adelante y no aferrarte al pasado.

Has trabajado durante muchos años con Manuel Molina, quien, por desgracia, nos dejaba hace apenas unos meses. ¿Cómo era trabajar con el “Tío Manuel”?

Con Manuel tengo anécdotas para escribir un libro, fueron muchas las vivencias  que compartimos. Trabajar con él siempre fue una experiencia positiva y enriquecedora, era un artista de los pies a la cabeza. Aparentemente era muy anárquico, pero en su interior tenía su manera de organizar las cosas. Eso sí, cuando trabajábamos en el estudio no le gustaba depender de horarios.

Smash, junto a Triana o Pata Negra, fueron los responsables de lo que se terminó llamando rock andaluz. En aquella época no había una infraestructura y todo era mucho más complicado para los músicos. La que podíais haber liado ahora…

En el caso de Smash, todo tuvo su encanto en el momento que sucedió, creo que lo que vivíamos en aquel entonces tuvo mucho que ver en que surgiera todo ese movimiento. Con respecto a lo complicado que era para los músicos en aquellos tiempos hacer conciertos y llevar a cabo sus propios proyectos, te diré que en este país, hoy en día, salvo la tecnología que te permite tener mayor independencia para funcionar por tu cuenta, poco han cambiado las cosas. Sigue habiendo muchos prejuicios y un trasfondo político con intenciones que poco tienen que ver con el apoyo a los músicos y al arte en general.

A los músicos de vuestra generación os sobra valentía y desparpajo. Por eso, tampoco nos extraña que te hayas atrevido con un tema como “Pásala”, a medio camino entre el hip-hop y el funk y pegadiza a más no poder.

“Pásala” es una canción que compuse hace unos años junto a mi querido amigo Pedro Oliva. Decidí grabarla para incluirla en Intronauta porque vi que venía al caso, ya que el disco lleva mucho contenido crítico y social. La letra de “Pásala” contiene grandes dosis de humor e ironía y va dirigida al mundo que rodea al espectáculo. Esto, junto con el tipo de fusión presente en la música, me dio pie a imaginar un divertido videoclip. Se lo propuse a Manuel Jaén para que se hiciera cargo de la realización, le pareció bien y lo llevamos a cabo con un resultado satisfactorio.

Es evidente que muchos grupos actuales han tomado buena nota de lo creasteis vosotros a finales de los 60 y principios de los 70. ¿Hay alguno que te haga agrade especialmente? Se me ocurren Pony Bravo, The Milkyway Express,…

Me gusta el sonido de los dos grupos que citas, aunque observo, al escucharlos, caminos e influencias distintas. Y es bueno que sea así, pues le da vida al panorama musical del país. Me alegra el hecho de haber pertenecido a una banda referente como fue Smash.

Con algunos de ellos coincides en festivales como Territorios Sevilla, ¿puedes seguirles el ritmo o prefieres quitarte de en medio a tiempo?

De momento me queda cuerda para rato, y sería interesante que me hubieses planteado la pregunta a la inversa: Cuando tengan el tiempo vivido que yo ya llevo, ¿podrían seguir mi ritmo?