Antonio Smash sin concesiones

Rosas & Mosquitos

Publicada el 17-04-2012 20:35 1 4

Antonio Smash, sin concesiones

Siempre en el camino, Antonio Smash, que hoy cumple sesenta años, rompe el silencio con una ráfaga de canciones luminosas y elegantes envueltas en papel de regalo.

Balas de Amor, el nuevo disco del artista sevillano, no ofrece concesiones. La nostalgia pertenece al futuro, así que Antonio se embarca en la nave espacial de pop-rock de impecable factura con destino a ninguna parte.

Un redoble de batería, guitarras de cristal, la armónica de feliz desdicha que se asoma por los rincones, un cuadro naif, un toque minimalista y escenas cotidianas del mundo teatral. Smash suena nuevo y viejo a la vez, aunque en verdad se suspende en la nube del tiempo y lanza destellos de rock, blues, cha-cha-cha, funky y otros ingredientes en asombrosa combinación natural.

Antonio rescata a Emily del bajón de tripi, treinta y siete años después, perdida en un hotel de Frisco, en el verano del amor, a miles de millas de distancia del underground sevillano.

Emily no es la misma, claro. El mundo tampoco. El álbum de Antonio Smash no parece de este mundo. Paraíso ahora (de los pobres). Canto a la acción. «Nunca digas ay». «No consientas que te anulen». Lo malo abunda. Lo bueno está por llegar. Smash sólo recuerda a Smash en la versión de Forever Walking que cierra el disco, la pieza que abría precisamente el debut de Smash en 1970,La Glorietade los Lotos.

Desde entonces, el siempre joven Antonio Rodríguez ha caminado libre y trabajado a conciencia en sus proyectos. Sin olvidar su participación en etapas gloriosas de Kiko Veneno o Pata Negra, por citar ejemplos cercanos.

Por estos lares recordamos con fidelidad la noche roteña de Veneno y compañía, veinte años atrás, cuando Antonio Smash rulaba en la gira «Échate un cantecito». Convidamos a los músicos, tras el concierto, a tomar unos vasos en una casita de campo, a la vera del mar, en El Puerto. Fuimos en dos coches. Raimundo y Antonio animaron el breve viaje animando a la concurrencia a emular diferentes sonidos hasta completar una maravillosa pieza al alimón del señor Bob Marley, creo que era Rebel Music. Memorable. Luego, Raimundo se sentó en una silla a charlar con un perro, que no le quitó la vista en toda la velada, y puso un disco de Juanito Valderrama. Antonio habló de Mick Jagger y Kiko, de Bob Dylan. Memphis Blues Again. Y cuando los dejamos en Rota, a las claras del día, casi se comen la puerta corredera del hotel. Antonio sigue igual de flaco.