Entrevista para el diario vasco «Vivimos un gran tocomocho»


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Antonio Smash. Figura clave del rock
andaluz con el legendario grupo Smash,
presenta en Bilbao y Donostia
‘Intronauta’, su tercer disco como solista

ARTURO GARCÍA

Revolucionaron la
escena musical sevillana
de los años
60 con Smash, fusionando
rock, flamenco y psicodelia.
Su batería, Antonio
Samuel Rodríguez (Sevilla,
1952), tras colaborar con Pata
Negra, Kiko Veneno o Lole y
Manuel, inició en 2002, apadrinado
por Santiago Auserón,
una carrera solista de la
que presenta hoy y mañana
en Fnac Bilbao-Donostia su
tercer proyecto, ‘Intronauta’.
Es un ecléctico paseo sonoro
repleto de aromas progresivos,
rock callejero, introspección
poética y guasa que va
de la psicodelia al hip hop.
–Esta vez no has tardado diez
años para volver a grabar
¿has recuperado ritmo creativo
tras tu regreso?
–Cada disco tiene su momento,
independientemente del
aspecto creativo. De hecho,
tengo almacenado mucho material
que aún no he grabado.
Decidí grabar ‘Intronauta’ a
partir de seleccionar diez canciones.
Me gustaba el contraste
musical entre una y otra y
la temática de las letras coincide
muchas veces con el momento
social que estamos viviendo,
eso encajaba con el
proyecto de disco que quería.
–Encuadrarías este CD como
una suerte de continuación
de los otros dos y parte de
un mosaico coherente o
como parcelas musicales independientes?
–Considero que es una continuación
de mis dos discos
anteriores dentro de un proceso
evolutivo natural.
–Es variado estilísticamente,
¿vuelve a buscar una voluntad
de estilo libre?
–La variedad de estilos es algo
que se da en mis composiciones.
Me gusta estar libre de
prejuicios para expresarme,
dejando que se muestren las
influencias adquiridas a lo largo
del tiempo que llevo escuchando
y haciendo música.
––Las letras vuelven a ser sobre
todo de colaboradores,
presentes también en los
otros dos proyectos. ¿Sigues
sin verte como letrista?
–En este disco escribo una de
ellas, ‘Al son de la locura del
amor’, y soy coautor de otra:
‘Un huracán en su corazón’.
Siempre estoy trabajando en
letras de algunas canciones,
pero por otro lado tengo la
suerte de contar con amigos
letristas y me encanta la relación
que tengo con cada uno
de ellos, construyendo y compartiendo
canciones. Aportan
variedad y riqueza. Además
en esta ocasión se ha sumado
la colaboración de Kiko Veneno;
¿qué más puedo pedir?
–Esos mensajes van de lo sociológico
y casi costumbrista
a lo poético y hasta toques
de crítica social. ¿Cómo abordas
la selección de textos?
–En mi manera de componer
se da antes la música que la
letra y cuando pienso en un
letrista lo hago teniendo ya
construida una melodía. Esta
es a su vez fuente de inspiración
para el autor, que a la
hora de escribir se ciñe a la
métrica de dicha melodía. A
lo largo del proceso de realización
del texto mantenemos
el contacto intercambiando
ideas y sugerencias.
–Canta sobre «destronar al
rey de la feria» o «detener
este gran tocomocho». ¿Sientes
que vivimos inmersos en
un gran tocomocho?
–Evidentemente sí, sin duda.
–¿Es casi mejor comportarse
como el protagonista de
la fábula del amaestrado, dejarse
engañar a conciencia?
–El protagonista de la fábula
se podría reflejar en cualquiera
de nosotros en una sociedad
como la que tenemos,
pero existen matices según
qué tipo de inquietudes jueguen
en ti y la necesidad que
tengas de darles salida a esas
inquietudes.
–¿Te sientes un poco intronauta,
como alguien introspectivo
que gira sobre su órbita
interior?
–Sí, me siento intronauta. El
deseo de cambiar la realidad
que vivimos me lleva a sentirme
así, consiste en empezar
por uno mismo.
–¿Cómo ha cambiado su forma
de afrontar la música con
el paso del tiempo y todo lo
que ha recorrido?
–La música ha ocupado en mí
un lugar muy importante. Lo
mío es vocacional. Después
de haber tomado parte en diversos
proyectos y trabajar
para otros muchos artistas,
el efecto de esa experiencia
ha sido reafirmar
mi vocación y la necesidad
de expresión.
–¿Se siente suficientemente
reconocido, valorado
como parte de uno de
los pilares fundamentales
del denominado rock andaluz
o, como casi siempre ocurre,
los reconocimientos llegan
cuando uno se muere?
–Por parte de algunos sectores,
sí. De cualquier forma, no
me paro demasiado a pensar
en ello. Me es más satisfactorio

seguir dedicándome a hacer
música, además de sentirme
privilegiado por ello en
una situación como la actual.
–¿Con el tiempo se tiende a
mitificar lo logrado en su día
por Smash? ¿Hubo más precariedad,
más dificultades
que quedaron tapadas por la
leyenda musical?
–Smash siempre contó con
un mecenas, en la primera
etapa fue Gonzalo García Pelayo
y en la etapa de la fusión
del rock con el flamenco,
Oriol Regás. El tipo de infraestructuras
que había entonces
para conciertos y la difusión
que todo eso necesitaba era
más precaria, tenías que pelearlo
mucho. Hoy la tecnología
ayuda a difundir lo que
haces con mayor rapidez e independencia.
No obstante, en
este país sigue habiendo, al
igual que antes, muchos prejuicios
acompañados de un
trasfondo político con intenciones
que poco tienen que
ver con el apoyo al arte.