Entrevista para la revista digital insevilla.com 28 agosto 2012

“Se ha perdido un poco la autenticidad”

agosto 28, 2012 Insevilla.com

Antonio “Smash” cabalga en solitario

Sevilla. Nos abre las puertas de su casa en Triana, donde alguna vecina quejumbrosa no entiende que las inspiradoras Musas se convocan a ritmo de batería. Después de una dilatada carrera, siempre acompañando a diversos músicos, Antonio Samuel Rodríguez (Sevilla, 1952) cabalga en solitario con un segundo álbum, “Balas de Amor” (La Huella Sonora, 2012). “Se me apetecía poner en práctica algo en solitario, me termina animando Santiago Auserón tras la gira de ‘Juan Perro y Kiko Veneno vienen dando el cante’, donde yo iba con Kiko tocando la batería”. “Smash” conversa de manera pausada y reflexiva, lejos de la doctrina que el marketing de la industria musical dicta a los intérpretes sin talento para complacer a cualquier auditorio. “Hubo buen ‘feeling’ con Santiago, en algunas ocasiones nos reuníamos tras las actuaciones en el hotel, yo cogía la guitarra… ‘¿Por qué no te animas a grabar?’”. Su primer disco en solitario, “Jardín Secreto” (2002) también fue editado porLa Huella Sonorahace justo una década.

—Compone usted, pero no es letrista… — El disco lo he producido yo y, además, he tocado baterías, bajos, guitarras, teclados, aunque también hay colaboraciones fantásticas: Rafael Fernández Viedma, Jorge Luís Núñez, Nacho Collado, Manuel Imán, el músico hindú Harish Pawer, Jesús Chávez, Nani Conde, José Ramírez, mi mujer Lourdes, Manolo Arcos… He aportado algo en la letra de “Nunca digas ¡ay!”, de Pive Amador, y en “Ser espacial”, de Pedro Oliva. Ahora me empiezo a animar con ello, pero es la música lo que me viene fácil. Manolo Fernández y Dogo, de los Mercenarios, también han escrito. “Adela” es una canción inédita de mi amigo Mane, yo la he versionado.

En mi caso, el letrista es quien se adapta porque no quiero sacrificar la inspiración que pueda haber en una melodía. Le damos la prioridad a la música. Uso la voz como instrumento, no le pongo música a una letra, sino al contrario: entrego la canción con su estructura y la melodía determinada, quien escribe se adapta a la métrica que dicta la música. Incluso uso el inglés por la cuestión sonora con frases que se adapten.

—¿Ha cambio mucho la industria musical música con los recursos que ofrecen Internet y las nuevas tecnologías? —Desde el punto de vista positivo, hay más autonomía para poder difundir tus trabajos, antes se dependía mucho de una compañía de discos. Internet da otras posibilidades; puedes grabar en casa, aunque vayas a mezclarlo a un estudio. Si se aprovecha bien, es fantástico.

—Poner con tanta facilidad mercancía en la calle, ¿implica en cierto modo que también se encuentre más basura? —Indudablemente, claro.

—Ahora hay muchas operaciones para alcanzar triunfos y otros concursos donde parece que fabrican músicos como pollos de engorde. A usted no lo veo en estos laboratorios… —Donde yo he crecido, con “Smash”, “Los Nuevos Tiempos”, “Los Gong”, la música que llegaba y sonaba en aquella época tenía mucha inspiración y transmitía un espíritu muy potente. De ahí viene todo lo bueno que se sigue escuchando ahora, era algo que llegaba al corazón directamente, aunque no entendieras el idioma. Nació en Estados Unidos, pero era lógico que se hiciera universal porque, a su vez, ese país es un compendio de todos los países. Se tienen prejuicios, “Esa música es de los americanos”, pero entiendo que era una forma de expresión de la juventud a nivel mundial de aquella época.

—¿Se refiere usted al rock clásico? —Rock es todo, una mezcla de gospel y de country. Comienza con el blues, el jazz y todo evoluciona y se va mezclando de forma natural. Hablo de rock en sentido amplio. Por entonces, Simon & Garfunkel son rock, aunque hay temas muy melódicos y vocales; Chuck Berry, Elvis Presley, The Everly Brother, Fat Domino… Es una manera de sentir y ver las cosas. Después llegaron The Beatles, The Kinks, The Doors, Jimi Hendrix, Janis Joplin, etc. Hay un sinfín, y cada uno con una sonoridad distinta. Era rebeldía también, había un mensaje crítico ante una sociedad hipócrita, en el ámbito social y religioso. El movimiento de cadera de Chuck Berry es recochineo del hermetismo de los militares y de esa imagen del macho por excelencia, de ese ambiente falso, puritano y estúpido. Led Zeppelin, King Crimson, The Who, el soul, o el festival de Woodstock…Todo formaba parte del mismo sentimiento.

—¿Se ha perdido ese sello? Ahora parece que todo suena enlatado… —La industria del disco empieza ahí, pero había mucha pureza en los grupos. La música adquiría importancia, aunque se vendieran también muchos discos. Existía mucha complicidad entre el público y los músicos, había un sentimiento común. Se mete la industria, como águilas que son, también hace falta… Ahora estamos viviendo otros tiempos, con mejores o peores épocas, pero creo que se ha perdido un poco la autenticidad.

—En España, aquello de ‘La movida madrileña’ de los `80 parece que fue la época dorada… —No sé si has visto el documental de Gervasio Iglesias “Underground, la ciudad del Arco Iris”, donde se habla de la Sevilla y Barcelona de los ´60. Salen mucho “Smash” y el grupo “Máquina”, era una movida anterior, que guarda relación con la época de la que estamos hablando. En lo de Madrid, pienso que el espíritu es distinto, no mejor ni peor. Surgieron buenos músicos y grandes grupos, como Radio Futura. Estaba de moda el glamour, pero todo aquello lo veo algo confuso: se le da mucho valor a la pose, a la apariencia, a la puesta en escena. Antes éramos muy apasionados con el sentimiento puramente musical, aunque también estuviese el rollo estético

Hablábamos del sentimiento combativo del rock, de la rebeldía. En Sevilla, por ejemplo, en los últimos años ha echado raíces el hip-hop, hay músicos que son referentes a nivel nacional. En este sentido, ¿ha sido desplazado el rock por esta música urbana más joven? —Creo que son etapas, pero rock es todo. Si no hay James Brown, no hay hip-hop. Es de los primeros que deja ver esa forma de expresión, hablando, metiendo la frase dentro del ritmo, jugando con la voz… Si no hay blues, no hay nada, todo lo demás es una consecuencia. El rock forma parte de las cosas, en sentido amplio.

—Once temas en “Balas de Amor” (La Huella Sonora, 2012). ¿De qué habla, a quién dispara este disco? —La falta de amor es lo que viene pasando en el mundo desde la prehistoria, es lo mismo de siempre [sonríe]. El título es, a su vez, una de esas canciones que finalmente seleccioné de 30 temas. Hay un nexo en las letras: “Balas de amor” habla de un enganchado a la heroína; “A ritmo de Cha-cha-cha”, de situaciones conflictivas de pareja; “Sal de aquí”, habla de gente marginada; “Adela” es una letra romántica; “Emily” es una letra crítica, fantástica, habla de una mujer que se tomó un LSD hace 37 años, despierta y desea volver de nuevo atrás; “Cuadros”, una exposición donde la gente describe lo que ve… En el disco se habla del amor en sentido amplio, un sentimiento también un poquito hiriente, “heavy”, pero hay un halo de esperanza, siempre con un sentido optimista.

—Conciertos previstos, gira… —He hecho la FNAC de Sevilla y la de Málaga. Ahora en verano todo se para. De la mano de La Huella Sonora, la compañía que edita y distribuye el disco, queremos ir a Madrid, Valencia, Bilbao y Barcelona. Con la crisis, hay unos tiempos raros. Hay que tener una paciencia extrema. Haré algo también para Radio 3… Estoy funcionando con un formato de trío acústico, hicimos una gira de 5 ó 6 teatros por Andalucía. En su momento, pondré en pie una banda eléctrica con unos compañeros en los que ya he pensado.

—¿Cuál es el último disco que está escuchando? —Últimamente estoy escuchando jazz clásico: Charles Mingus, Thelonious Monk, Miles Davis, Herbie Hancock con Joni Mitchell… Soy un rockero abierto, me encanta la música clásica. Si escuchas mi disco, verás que hay influencias de muchas cosas. Eso es lógico después de tanto tiempo tocando con muchos músicos. Dejo sin prejuicios que me llegue todo, y poder disfrutarlo.